Josiah Parsons Cooke
Josiah Parsons Cooke, Jr. (12 de octubre de 1827 – 3 de septiembre de 1894) fue un químico y mineralogista estadounidense, una de las figuras más influyentes en el establecimiento de la enseñanza de la ciencia en las universidades de Estados Unidos durante el siglo XIX.
Como Catedrático Erving de Química y Mineralogía en la Universidad de Harvard durante más de cuatro décadas, Cooke rescató el departamento de química de la inexistencia, lo transformó en un centro de investigación y docencia de primer nivel y luchó incansablemente para que las ciencias tuvieran el mismo prestigio que las humanidades en el currículo universitario.
A través de sus inspiradoras clases, sus influyentes libros de texto y sus meticulosas investigaciones sobre los pesos atómicos, Cooke no solo formó a generaciones de científicos, sino que también modeló fundamentalmente cómo se enseñaba la química en las escuelas secundarias y universidades de todo el país.

Primeros Años: Un Químico Autodidacta
Josiah Parsons Cooke nació en Boston, Massachusetts, el 12 de octubre de 1827, en el seno de una familia acomodada y con una rica herencia histórica. Su padre era un exitoso abogado y su abuelo había sido capellán en el ejército del General George Washington . Su infancia estuvo marcada por la tragedia, ya que su madre falleció cuando él tenía solo seis años .
Desde muy joven, Cooke mostró una fascinación por los procesos químicos que definiría su vida. En 1842, a los 15 años, se aficionó a la fotografía, un pasatiempo novedoso y técnicamente exigente en aquella época . Mientras que el proceso del daguerrotipo era más común, el joven Cooke experimentó con el calotipo de Talbot, un proceso basado en papel. Sus fotografías, las únicas de un aficionado estadounidense de esa época que han sobrevivido, se conservan hoy en la Biblioteca Houghton de Harvard .
Su interés por la química fue fuertemente influenciado por una conferencia del célebre químico de Yale, Benjamin Silliman . Este encuentro lo inspiró a montar su propio laboratorio en el sótano de la casa familiar, donde, como un verdadero autodidacta, comenzó a experimentar y a adquirir un conocimiento práctico de la ciencia que superaba con creces la instrucción formal disponible en ese momento .
A pesar de su gran aptitud para las ciencias y las matemáticas, tuvo enormes dificultades con el latín y el griego, las asignaturas clave del currículo clásico . Esta deficiencia casi le cuesta la admisión en Harvard College . Sin embargo, logró matricularse y se graduó en 1848. Durante sus cuatro años en Harvard, la enseñanza de la química fue prácticamente inexistente, limitándose a "cinco o seis conferencias bastante inconexas y fragmentarias". Cooke, por lo tanto, continuó sus estudios químicos esencialmente por su cuenta.
La Reconstrucción de la Química en Harvard
Tras un año viajando por Europa, Cooke regresó a Harvard en 1849 como tutor de matemáticas . El estado de la enseñanza de la química en la universidad era deplorable. El Dr. John Webster, quien impartía el curso, no solo era un mal profesor, sino que sus demostraciones eran peligrosas y espectaculares, como su famosa conferencia "El Volcán", que a menudo terminaba con los estudiantes saltando por las ventanas para escapar del humo . La situación llegó a un punto crítico en 1850 cuando Webster fue ahorcado por el asesinato de un colega, dejando la enseñanza de la química en Harvard en un vacío total .
A la edad de tan solo 23 años, Josiah Parsons Cooke fue nombrado Catedrático Erving de Química y Mineralogía, con la monumental tarea de reconstruir la disciplina desde cero . Su primera acción fue regresar a Europa durante ocho meses.
Allí, asistió a las clases de los grandes químicos franceses Jean-Baptiste Dumas y Henri Victor Regnault, y, lo que es más importante, compró con su propio dinero el equipo y los productos químicos necesarios para establecer un laboratorio funcional en Harvard. Quedó profundamente impresionado por el método de enseñanza de laboratorio desarrollado por Justus von Liebig en Alemania, un enfoque práctico y experimental que adoptaría como la piedra angular de su propia pedagogía .
Con una energía incansable, Cooke se dedicó a reformar la enseñanza. Logró introducir cursos de química obligatorios para los estudiantes de segundo y tercer año y, lo que fue un avance aún más significativo, convenció a la facultad para que aceptara un curso electivo de análisis cualitativo que se impartiría íntegramente en el laboratorio .
Él creía firmemente que la química no podía aprenderse solo de los libros; la experiencia directa con los materiales era esencial. Como él mismo decía, el hecho de haberse enseñado a sí mismo a través de sus propios experimentos le demostró el valor de este método para todos los estudiantes .
Sus clases magistrales para toda la clase de primer año, una tradición que mantuvo durante 43 años, se hicieron legendarias . Evitando los detalles técnicos áridos, se centraba en los "objetivos, necesidades y métodos inspiradores de la química" . Su entusiasmo y elocuencia eran tan contagiosos que sus conferencias abarrotaban las aulas, un logro que en Harvard solo había sido igualado por el genio zoológico Louis Agassiz .
Su influencia se extendió más allá de las aulas. Jugó un papel crucial en la construcción del Boylston Hall, que se convirtió en el hogar del departamento de química, y en el establecimiento del departamento de mineralogía en el Museo Universitario, donde se exhibió su rica colección de minerales .
En 1871, logró la fusión del departamento de química de Harvard College con el de la Lawrence Scientific School, superando antiguas rivalidades y consolidando los recursos de la universidad .
Contribuciones Científicas: La Búsqueda de los Pesos Atómicos
Aunque su mayor legado fue como educador, Cooke también fue un investigador respetado que publicó 41 artículos científicos a lo largo de su vida . Su trabajo más importante se centró en la determinación precisa de los pesos atómicos, una de las cuestiones fundamentales de la química del siglo XIX.
El Peso Atómico del Antimonio
Su serie de investigaciones más célebre comenzó en 1873 con el peso atómico del antimonio, un valor que había sido objeto de mucha controversia . Cooke comprendió desde el principio que el mayor peligro en este tipo de trabajo no eran los errores accidentales, sino los errores constantes o sistemáticos.
Con una paciencia, perseverancia y habilidad de manipulación que sus colegas describían como "casi maravillosas", se dedicó a identificar y eliminar estas fuentes de error . El resultado fue una serie de artículos que establecieron el peso atómico del antimonio con una precisión que satisfizo a toda la comunidad química internacional .
La Relación Oxígeno-Hidrógeno
Su última gran investigación fue una determinación cuidadosa de la relación entre los pesos atómicos del oxígeno y el hidrógeno, el dato más fundamental de la estequiometría . Aplicando las mismas técnicas rigurosas que había desarrollado para el antimonio, publicó dieciséis determinaciones sucesivas que mostraban una concordancia extraordinariamente estrecha .
Sin embargo, Lord Rayleigh señaló poco después que los resultados contenían un sutil error constante: la contracción de los globos de vidrio al ser evacuados para pesarlos vacíos . En su último artículo, Cooke reconoció el error y propuso un ingenioso método para evitarlo, demostrando su integridad intelectual hasta el final de su carrera .
El Educador y el Visionario
El impacto de Cooke en la educación química se extendió más allá de Harvard. En 1886, el presidente de Harvard, Charles Eliot (quien había sido su alumno), le encargó la creación de un panfleto que detallara los experimentos que los estudiantes de secundaria debían realizar para obtener crédito de admisión en química .
Cooke produjo una lista de 60 experimentos, la mayoría de ellos cuantitativos, que se conoció como "El Panfleto" . Aunque inicialmente fue impopular entre los profesores de secundaria, su influencia fue profunda, impulsando la publicación de libros de texto que enfatizaban los aspectos cuantitativos y teóricos de la ciencia, elevando el nivel de la enseñanza de la química en todo el país .
Escribió varios libros de texto influyentes, entre ellos Principles of Chemical Philosophy y The New Chemistry, este último traducido a numerosos idiomas . También fue un talentoso inventor de aparatos de demostración, como su eudiómetro de mesa y la linterna vertical para proyecciones .
Fe, Ciencia y Últimos Años
Como muchos científicos de su época, Cooke no veía conflicto entre su trabajo y su fe. Siguiendo la tradición de la teología natural, creía que la belleza y el orden del universo revelados por la ciencia eran una prueba de la existencia de un Creador divino . Publicó varios libros sobre este tema, incluyendo Religion and Chemistry y The Credentials of Science, the Warrant of Faith, en los que argumentaba que la simplicidad de las leyes físicas apuntaba a un diseño inteligente .
En sus últimos años, a pesar de sufrir de ceguera parcial y parálisis, su energía y curiosidad intelectual permanecieron intactas . Continuó dirigiendo a sus estudiantes, impartiendo sus cursos y manteniendo su tradicional conferencia para los estudiantes de primer año . Viajó a Alaska a los 65 años y sirvió como presidente de la Academia Americana de las Artes y las Ciencias durante los últimos tres años de su vida .
Josiah Parsons Cooke falleció en Newport, Rhode Island, el 3 de septiembre de 1894 . Dejó un legado imborrable. No solo rescató la química en Harvard, sino que la elevó a una posición de prominencia, estableciendo un estándar de enseñanza rigurosa y experimental que influyó en toda la educación superior estadounidense.
Fue, en palabras de sus contemporáneos, el "padre de la enseñanza de la química en Harvard", un hombre cuya "curiosidad intelectual y vitalidad solo pudieron ser extinguidas por la muerte".
Para más información JOSIAH PARSONS COOKE. - Biographical Memoirs



